A lo largo de nuestra vida republicana es mucho lo que hemos oído hablar del combate a la corrupción; la corrupción que en estos tiempos de globalización amenaza seriamente a los estados democráticos por su estrecha relación con la actividad política; Las campañas de los partidos son matizadas por cientos de promesas, que de cumplirse a esta altura la corrupción estaría erradicada completamente; todos los aspirantes a la primera magistratura han hecho uso del recurso del combate a la corrupción desde Ulises Hereaux (lilis), cuando el 20 de marzo de 1895 en un discurso dirigido a la nación dijo “Hay que corregir los abusos y dar a la moralidad su legitimo puesto”. Asimismo el 27 de febrero de 1906, el presidente Ramón Cáceres, señalaba “El peculado es una de las cimas insolables donde se ha abismado el tesoro nacional”, el presidente Joaquín Balaguer en el año 1966 declaraba una guerra sin cuartel a la corrupción; para el 1978 el presidente Antonio Guzmán proclamaba la obligatoriedad de la declaración jurada de bienes a todos los funcionarios públicos; el presidente Salvador Jorge Blanco en 1982, somete al congreso un proyecto de ley de salvaguarda del patrimonio nacional, el 21 de junio de 1996, el presidente Leonel Fernández, declaraba que “se requiere una ley con el rigor y la severidad que establezca la presunción del enriquecimiento ilícito cuando no haya armonía entre el estándar de vida que tiene un funcionario y sus niveles de ingresos con su patrimonio declarado al momento de asumir sus funciones”, el 21 de mayo del año 2000 el periódico el nacional trajo la información donde el presidente Hipólito Mejia hacia la promesa “Yo he prometido que en mi gestión no me manchare las manos de sangre ni de dinero, pero tampoco permitiré que ningún funcionario o servidor publico lo intente o lo haga”.
Abrigamos la esperanza que la Republica Dominicana, al igual que otros países hermanos alcance las herramientas necesarias que puedan hacer realmente transparente el manejo de la cosa publica y que los responsables de drenar las alcas del estado dominicano ocupen el lugar que le corresponde.
Julio Cesar De la Rosa Tiburcio